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Mensajes cifrados – Carla Guelfenbein

1 noviembre, 2016 por Akelarre 4 comentarios

Sobre la autora

Carla Guelfenbein

Carla Guelfenbein, nacida en Chile, estudió Biología en la Universidad de Essex, Inglaterra, especializándose en genética de población. Más tarde, estudió diseño en la prestigiosa escuela San Martín's School of Art en Londres. De vuelta a Chile fue directora de arte y editora de moda de la revista “Elle”. Es autora de la novela El revés del Alma, La mujer de mi vida, El resto es silencio, Nadar Desnudas y Contigo en la distancia que ganó por unanimidad el premio Alfaguara. Sus cuentos están publicados en antologías de España y Alemania. Han aparecido también en el diario El País y revistas literarias como Granta, Revista Arcadia de Colombia y Párrafo de la universidad de UCLA en EEUU. Su obra ha sido traducida a 16 idiomas por las editoriales más prestigiosas de Europa, recibiendo gran acogida del público y de la crítica nacional e internacional. Sin ir más lejos, el premio nobel de literatura, John Coetzee ha calificado su obra como "sutil, lúcida y compasiva".

Mensajes cifrados

Hace algunos días, después de varios meses sin darnos cita, volví a encontrarme con mi madre. Fue mientras leía un texto de Carmen Martín Gaite. Como la mía, su madre había muerto hacía ya un buen tiempo. Al mirar por los ventanales de su hotel hacia el East River en Nueva York, Carmen Martín Gaite tuvo la sensación de que sus ojos atravesaban el mar y se encontraban al otro lado del Atlántico con los de su madre, también detenidos en una ventana. Orificios en los muros que según sus palabras todas las mujeres del mundo, en algún momento de sus vidas, convierten en andén, en alfombra mágica, para fugarse.

Pero no eran las ventanas los puntos de embarque de mi madre, sino las palabras. Las páginas donde se sumergía y de donde a veces retornaba cargada de gestos que me eran extraños. Recuerdo tantas veces haberla observado en ese instante preciso en que alzaba la mirada de la página y haber visto sus ojos nublados por otros cielos. A veces traía música, como aquella que escuchaba en su tocadiscos la Maga de Rayuela, y entonces, yo podía oír el sonido de lugares lejanos colmados de humo, de palabras, de alientos secretos. En ocasiones ella me cogía de las manos y dábamos unas vueltas al son de una pieza de jazz, mientras el humo de su cigarrillo quedaba suspendido en su rostro como un velo. Yo la observaba moverse, con su pelo corto, sus zapatos planos, sus pantalones y suéter negros, y me daba la impresión de estar ante una de las heroínas existencialistas que ella tanto admiraba. Pero era cuando me sentaba a su lado a leer que algo fulguraba en mi interior, y entonces comprendía la verdadera dimensión de sus fugas. Recuerdo sus miradas subrepticias hacia mi rincón, sabiendo que me aprontaba a atravesar cierta escena, cierto párrafo, que para ella había significado algo, revelándome que, aun cuando siguiéramos las mismas rutas, no veríamos las mismas cosas. Una revelación que provocaba en mí sentimientos encontrados. Por un lado, frustración, ya que nunca podría saber dónde partía mi madre cuando se fugaba en su imaginación. Y por el otro, embeleso, puesto que era justamente en ese aspecto misterioso y único del viaje donde radicaba su magia.

De esas veladas surgieron también las palabras. A veces, seducida por su sonido, yo las atrapaba: desencantado, deshabitado, antítesis, geografía, catalejo, inconmensurable, haz... Y ahí permanecían dando vueltas en mi memoria hasta llegar al papel; entonces mi madre, como una costurera, me enseñaba a unirlas: “el secreto es tocarlas apenas”, me decía rozando la hoja como si estuviera en llamas. Y así, poco a poco, me fue mostrando el lugar oculto que yace entre frase y frase, entre letra y letra.

Fue en ese lugar donde nos dimos cita hace algunos días. Había olvidado contarle que ahora me gano la vida escribiendo, que no he perdido la aguja invisible, esa que une una palabra con otra y que, cuando en ocasiones se escapa de mis dedos, es su recuerdo el que me devuelve el aplomo para intentarlo nuevamente. La memoria de sus ojos viajeros, de su entusiasmo, de los mensajes cifrados que me enviaba desde algún sitio lejano, ya sea desde un bar llamado La Catedral en las entrañas de Lima, o desde las calles congeladas de Moscú, cuando, cautivada por la pasión trágica de Ana Karenina, seguía sus pasos con cientos de palabras revoloteando en su cabeza: desangelado, tren, hastial, misérrimo, andén, caldera, silbato, sueño... hija.

© Carla Guelfenbein

Más información sobre Carla Guelfenbein

OBRA PUBLICADA

  • El revés del alma, novela, Alfaguara, Santiago, 2002
  • La mujer de mi vida, novela, Alfaguara, Santiago, 2005
  • El resto es silencio, novela, Planeta, Santiago, 2008
  • Nadar desnudas, novela, Alfaguara, Santiago, 2012
  • Contigo en la distancia, novela, Alfaguara, Santiago, 2015 (Premio Alfaguara de novela)

Publicado en: Invitados

Lejanos – Jorge Eduardo Benavides

1 mayo, 2016 por Akelarre 1 comentario

Sobre el autor

Jorge Eduardo Benavides escritor peruano

Jorge Eduardo Benavides, afincado en España desde hace veinticinco años, nació en Arequipa, Perú, en 1964. Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Garcilaso de la Vega de Lima, trabajó dando cursos de escritura y como periodista radiofónico. Pertenece a la generación de narradores de fines del siglo XX y principios del XXI. Sus cuentos se mueven entre el realismo urbano e incursiones en lo fantástico, denotando la impronta de Cortázar, que él mismo reconoce, y la influencia del manejo técnico en las novelas del también peruano Vargas Llosa.

Es una de las voces más interesantes de la narrativa latinoamericana actual que conforman el panorama literario hispanoamericano del siglo XXI, como lo demuestra además de la amplia difusión de su obra, los premios recibidos como el Torrente Ballester 2013 de novela por “El enigma del convento” (Alfaguara), historia de época, perfectamente documentada, de principios del XIX con dos ejes en la narración: Perú y España.

Lejanos

Narrado en un perfecto estilo coloquial, Jorge Eduardo Benavides, nos relata la vida de dos niños, nacidos a ambos lados de Ultramar. Uno de ellos, Raúl, vive en Lima, es hijo de un obrero de la construcción sin trabajo, y de una mujer que emigra a España con el fin de ayudarles económicamente. El otro, Paco, hijo de una familia acomodada, vive en Madrid. Los niños durante las fiestas de navidad, se encuentran unidos por la madre de Raúl, que trabaja como empleada de hogar en el domicilio de los padres de Paco. La historia nos llega a través de unas cartas escritas por los pequeños, con faltas de ortografía. En todo caso, la ortografía de las cartas, así como el léxico que recuerda el país de los niños, son intencionados por parte del autor, que recomienda leer el cuento con atención para entenderlo.

         A Raúl le encanta la nieve, que es una cosa blanca y deliciosa con la que se podrían hacer sorbetes de limón y helados si pudiéramos comerlos siempre. Lamentablemente, Raúl nunca ha visto la nieve en directo, aunque le gustaría, sobre todo en esta época del año cuando cae en Europa y en algunas regiones de España. Durante el invierno la gente usa abrigo porque hace mucho, pero mucho frío, más que en Lima en todo caso, que es una ciudad gris y triste, especialmente desde que la mamá de Raúl viajó a España para trabajar y mandarles dinero a él y a su padre, que trabajaba en la construcción, aunque en los últimos tiempos se queda en casa, tirado en la cama, mirando al techo y sin construir nada. Raúl también trabaja: vende chicles y cigarrillos en los microbuses, que son como unos autobuses pero más pequeños, y aunque a veces los conductores se enfadan porque dicen que les da la lata a los pasajeros, él siempre se las apaña para subirse y vender algo, nunca mucho, pero lo suficiente como para llevarse a la boca un bocadillo y un zumo. A veces tiene suerte y puede comprarle algo de comer a su llama, porque en el Perú abundan las llamas, que es un animal un tanto estraño, a medias entre el caballo y el camello. Como se sabe, los peruanos descienden de los Incas, un gran pueblo conquistado por los españoles hace mucho tiempo. Mucho antes de que se muriera Franco, que era un señor que estaba todo el día inaugurando pantanos.

         Raúl no trabaja demasiado porque asiste a la escuela por las mañanas y luego tiene que hacer sus deberes, tal como se lo prometió a su madre el día en que ella se marchó para España y le pidió que por favor estudiara mucho y que no se volviera un olgazán como su padre. El padre de Raúl, al oír esto, se cabreó que no veas, pero ya era hora de que despegara el avión y todos se abrazaron y lloraron un poco, sobre todo la madre. De manera que los días en que Raúl no quiere estudiar o prefiere quedarse en la calle vendiendo cigarrillos y chicles, de pronto se acuerda de su madre y quiere darse de hostias por olgazán, y se va a casa para hacer los deberes. Raúl escribe en unos cuadernos viejos que le ha regalado la maestra. La maestra también se quiere ir a España, y Raúl siente algo parecido a la pena cuando la seño habla de aquel país, porque siempre parece que está a punto de irse, tal como hacen muchos hoy en día.

         Raúl estraña a su madre sobre todo por estas fechas, cuando se acerca la Navidad y camina por el centro de Lima, que es la capital del Perú, pegando la cara a los escaparates luminosos, donde hay una gran cantidad de juguetes que jamás podrá comprar. Ya ni siquiera se atreve a insinuárselo a su padre, porque este se cabrea siempre, y coge su llama y ¡hala!, se va a buscar trabajo en la construcción y vuelve por las noches más enfadado que nunca porque no tienen dinero. El padre de Raúl también se pone un poco triste en Navidad, y se sienta a la mesa durante horas, sin decir nada, mirando el halmanaque porque sabe que a fin de mes llegará el dinero que les envía la madre desde España. Con ese dinero pueden vivir, aunque nunca es mucho, claro. La madre de Raúl siempre le escribe y en la última Navidad le envió además un regalo, una camiseta de Ronaldo.

         A Raúl le gusta mucho recibir carta de su madre, le gusta olerla un poco antes de abrirla y luego la lee muchas veces, tumbado en su cama, hasta que casi se la aprende de memoria. En sus cartas, la Madre de Raúl siempre le cuenta cosas de España, donde ella trabaja como señora de la limpieza, en casa de unos señores. Él es abogado y ella es profesora. Al principio, la madre de Raúl lloraba mucho porque estrañaba a su hijo y también a su marido, aunque sea un poco olgazán. Ahora ya no llora tanto porque han pasado tres años y aunque siempre piensa en ellos dos, en las ganas que tiene de ir a verlos, sabe que es lo mejor para todos, que al menos así Raúl tiene para comer y para comprarse zapatos y darle de comer a su llama. La Madre de Raúl está ahorrando dinero para poder pagarle el pasaje de avión a Raúl y a su padre. Así todos estarán juntos, especialmente ahora que se acerca la Navidad. Ellos viven separados y esto es totalmente hinjusto.

         —Mamá: ¿injusto es con hache?

         —No, sin hache. 

         Paco mira por la ventana y suspira. Está cayendo la nieve a raudales y seguro que Curro y Manolo estarán jugando felices mientras que él tiene que terminar la tarea que le pidieron en clase y que no ha terminado aún por estar pensando en la Navidad. La Navidad es una época especialmente linda en España: las calles se engalanan con infinidad de luces y guirnaldas, la gente camina apresurada haciendo sus compras y todos reciben regalos ya que además de los tradicionales Reyes Magos en los últimos tiempos también tienen a Papá Noel, de manera que la Navidad se inunda de obsequios: carritos de juguete, soldaditos, nintendos, computadoras. Y nunca faltan los dulces ni la comida. Aquí nadie se muere de hambre y todos tienen abrigos para el frío y en verano se marchan a la playa en sus autos particulares. Allí juegan, toman vino y comen paella, que es un arroz especial y amarillo. También disfrutan del  jamón y la tortilla de papas, platos típicos muy sabrosos.

         En España todos tiene trabajo y viven felices, en casas propias y no importa que haga frío ni que caiga una lluvia tremenda, porque siempre tienen calefacción y comida caliente. España no es tan grande como el Perú, pero son muchos más habitantes y por eso pudieron conquistar toda América, menos Estados Unidos, que es más grande y la gente habla inglés, por eso no se les entiende. El asunto es que en España la Navidad es la mejor del mundo, y Paco, después de hacer su composición sobre esta fecha tan señalada, se irá al parque a jugar. Como vive en Madrid, le gusta sobre todo jugar a lanzarse bolas de nieve con sus amigos y luego irse a esquiar o a patinar. También va a jugar a la pelota y luego regresa a casa y come pasteles y turrones todo el tiempo.

         El papá de Paco es torero y la mamá es andalusa. Como tienen mucha plata pueden hacerse todos los regalos del mundo cuando llega la Navidad, y también se van de viaje cuando les provoca. A Paco le gusta ir al pueblo de sus abuelos, que son jubilados y tienen a la Seguridad Social para sus achaques, y cuando sus papás no pueden llevarlo, el agarra el metro y en diez minutos está en Barcelona, en Real Valladolid o en Sporting de Gijón, que son otras ciudades de España, muy limpias y cuidadas y cada una tiene su propio equipo de fútbol, aunque Paco es del Real Madrid, donde juega Ronaldo, Raúl y Sidane, que son unos jugadorasos que ya quisieran Alianza Lima o Universitario de Deportes.

         A Paco también le gustan mucho los toros, como a todos los españoles, y de grande quiere ser torero, igual que su padre. O futbolista, aunque en España hay más toreros que futbolistas, y por eso se llevan de Sudamerica a los buenos futbolistas.  Esta Navidad Paco va a pedirles a sus papás un traje de torero, y se va a ir a practicar al campo de toros que queda muy cerca del parque donde juega al fútbol con sus amigos. Pero los papás de Paco le harán otros muchos regalos y después viajarán por toda España divirtiéndose de lo lindo y lo pasarán súper bien. Como los padres de Paco son muy buenos, segurito se llevarán también a la señora peruana que les hace la limpiesa, la comida y todo lo que necesitan. A esta señora la tienen en casa desde hace tres años y ellos dicen que es una suerte y ella también dice que es una suerte porque podría haberle tocado otra gente, que no paga bien y explota a los inmigrantes y a veces hasta los matan. Pero ellos no son así. Ellos saben que esta señora es peruana y que tiene un hijo de la edad de Paco, un hijo al que extraña mucho, sobre todo ahora que se acerca la Navidad, que es una fecha en que la familia debe estar unida. A ellos, el que ésta señora viva tan lejos de los suyos, les parece algo totalmente hinjusto.

         —Papá, ¿injusto es con hache o sin hache?

         —Sin hache. Creo.

 

© Jorge Eduardo Benavides, noviembre 2002

Más información sobre Jorge Eduardo Benavides

OBRA PUBLICADA

Cuentario y otros relatos (Lima, 1989, Okura ed.).
Los años inútiles (Madrid, 2002, Alfaguara).
El año que rompí contigo (Madrid, 2003, Alfaguara).
La noche de Morgana (Madrid, 2005, Alfaguara).
Un millón de soles (Madrid, 2008, Alfaguara).
La paz de los vencidos (2009, Alfaguara). Consignas para escritores (Casa de Cartón, 2012).
Un asunto sentimental (Madrid, 2012, Alfaguara).
La paz de los vencidos (Nocturna, 2014).
El enigma del convento (Madrid, 2014, Alfaguara).

PREMIOS

I Premio de cuentos José María Arguedas de la Federación Perúana de escritores 1988.
Finalista de la bienal de cuentos COPE (Lima) 1989.
Finalista del concurso NH de relatos (edición 2000).
Premio Nuevo talento FNAC 2003.
Finalista del premio Tigre Juan de novela 2003.
Finalista del Premio Rómulo Gallegos 2003.
Premio de Novela Corta Julio Ramón Ribeyro del Banco Central de Reserva del Perú 2009.
XXV Premio Torrente Ballester, 2013.

Publicado en: Invitados

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